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| El exforajido John Marston tomará el protagonismo de esta entrega, al menos durante una gran parte de ella... |
Más allá de su historia, sus escenas de acción o incluso de sus personajes, aquello que hace grande a este juego es precisamente el mundo gigantesco en el que se desarrolla. Es exactamente lo mismo que pasaba con la Liberty City de GTA y que está íntimamente relacionado con uno de los mecanismos básicos de este medio, la inmersión. Evidentemente, si queremos ir directos a las escenas de acción y a las misiones principales podremos hacerlo mediante un sistema de teletransportes, pero esta decisión significaría sacrificar ese componente de inmersión en el que tanto se ha trabajado, y que es lo mejor del juego. Llenar de vida un escenario que aparentemente es tan vacío y convertir la nada en el sandbox más divertido de cuantos han aparecido es el gran mérito de RDR.
Este es uno de esos juegos en que el simple goce visual forma parte de la diversión. La cámara libre que ya vimos en las últimas entregas de GTA nos servirá no solamente para desenvolvernos con mayor facilidad durante los tiroteos, sino también para presenciar unas imágenes que durante un 90% del juego bien podrían ser postales fotorealistas de un idílico anuncio de Marlboro. Ayuda también la magistral iluminación y sobre todo el SOL. ¡Qué sol amigos, qué sol!


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