lunes, 15 de agosto de 2011

El resurgir de la ciudad sumergida

Bioshock fue lanzado en 2007 para PC y Xbox 360, y en 2008 para PlayStation 3, y a pesar de que han transcurrido ya casi tres años desde su puesta a la venta, lo cierto es que para muchos sigue siendo el mejor First Person Shooter de la actual generación de videoconsolas. Nuestra segunda incursión en Rapture va mucho más allá de la mera inclusión de un multijugador al uso, y es que lo nuevo de Irrational Games no sólo amplía y profundiza lo que el original ofreció, sino que al mismo tiempo ofrece jugosos cambios. ¿El más importante? El de prisma, y es que ahora seremos el enemigo. Enfúndate tu aterradora escafandra, ahora eres un Big Daddy.
El temible Big Daddy
 Hay que decir que Bioshock 2 parte con la ventaja narrativa de no tener que explicar toda la historia de fondo sobre Rapture y sus habitantes, lo cual le permite ser más directo y poder centrarse de forma casi exclusiva en un arco argumental que tiene como centro los actos desencadenados por Delta. También las decisiones morales son algo más complejas. En el primer Bioshock simplemente elegíamos entre salvar a las little sisters o sacrificarlas (con lo cual obteníamos más Adam), pero en la segunda parte hay un paso intermedio. Tras eliminar al Big Daddy que la protege, podemos optar por matarla o adoptarla. En el segundo caso se nos permite ponerla a cosechar Adam hasta en dos ocasiones, y deberemos protegerla del acoso de los splicers mientras dure el proceso.
Las elecciones morales, además, no se limitan únicamente a nuestra relación con las little sisters: a lo largo del juego también aparecen unos pocos personajes a los que podemos eliminar o dejar con vida (aunque, para ser sinceros, la mayoría son tan moralmente repugnantes que cuesta muchísimo tomar la decisión de no apretar el gatillo).

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